Opinión

Porque lo digo yo: AMLO 

El nombramiento de Manuel Bartlett para ser el  próximo director de la Comisión Federal de Electricidad sí es relevante. No es un cargo menor el que encabezará el ex priísta. Bartlett representa la vieja política y no es cuestión de edad, sino de principios. Esa política rancia, que abusaba de todo lo que fuera oposición, capaz de cometer fraude y que no tenía principios.

En 1988, cuando la democracia en este país no existía, el responsable de la política interior era Manuel Bartlett. Ese año, en la elección presidencial se “cayó” el sistema. El anuncio lo hizo el propio Barlett, pues como Secretario de Gobernación recaía la organización de las elecciones en su poder. El ganador fue Carlos Salinas y los “perdedores” Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier. Cárdenas, hoy felicitando al candidato ganador y la hija de Clouthier, Tatiana, una de las más cercanas al próximo presidente. 

Andrés Manuel López Obrador conoce la historia, conoce lo que representa Bartlett y ese PRI del que también formó parte. Sabe que es una afrenta contra los que lucharon por la democracia, sabe que la figura de Bartlett le representa muchas más críticas que halagos, sabe también que no le debe nada a Manuel Bartlett, pero no le importa, porque lo único que le importa es su palabra. 

Lo que es aún más lamentable es que la incorporación de Manuel Bartlett al gabinete de AMLO no es necesaria. No es un operador político importante  en la actualidad, de hecho, dejó de ser un político relevante en los últimos años, rescatado siempre por el propio López Obrador. Recordado más por el fraude electoral que por su trabajado como legislador en los últimos años.

Sin embargo, AMLO, en su afán de tener  siempre la razón, desafía la crítica y anuncia su nombramiento con bombo y platillo. No espera al último momento para presentarlo como parte de su gabinete, sino en medio de una transición a prisa y atropellada le resulta buena idea darlo a conocer a meses de tu toma de protesta.

Desde su manera de entender la campaña, la transición, su próximo gobierno y la política misma, él está por encima de todos. Su palabra es verdad, su decisión es la única que vale y sus órdenes son inapelables, no hay error, porque en su lógica no se equivoca. No tiene que pedir disculpas de nada porque él es la cabeza de todo, quien manda sin discusión de ningún subalterno. 

Así pues nos vienen seis años de escuchar a un presidente que no se equivocará, porque no va a reconocer error alguno.  Nos vienen seis años de nula autocrítica y de la decisión omnipotente de una persona. Nos vienen seis años de un dicho que seguramente Andrés Manuel dice todo tiempo: “Porque lo digo yo”.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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