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“Dora, la transformadora” y “ministro chicharrón”: Campaña judicial se convierte en un espectáculo

La forma de promover el voto por los nuevos miembros del poder judicial ha generado una sensación de desconcierto en la ciudadanía

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Foto: (Especial)

La inédita campaña para elegir a ministros, magistrados y jueces del Poder Judicial, se ha transformado en una parodia, más cercana a un show mediático que a una evaluación técnica.

En un contexto donde miles aspirantes compiten por un puesto en el Poder judicial, las estrategias utilizadas por algunos de los candidatos han dejado más dudas que confianza en la seriedad del proceso.

Lo que en un inicio se pensaba sería una demostración de preparación ética y jurídica, ha derivado en una competencia de frases llamativas, promesas excesivas y, sobre todo, ocurrencias que fácilmente podrían confundirse con una campaña política, más que con una evaluación para ocupar cargos clave en el sistema de justicia.

Las redes sociales y los videos promocionales se han convertido en el centro de esta contienda, donde los candidatos buscan conectar con el público a través de métodos que poco tienen que ver con el ejercicio imparcial de la justicia.

Ministros con “M” de meme

Un claro ejemplo es el caso de Dora Martínez Valero, quien ha decidido promoverse bajo el nombre de “Dora la transformadora”. En uno de sus spots, la candidata afirma con dramatismo: “Hoy derribo este muro para que la justicia llegue a donde siempre debió estar. Cerquita de ti. Soy Dora la transformadora”. Un enfoque que, más allá de resaltar sus méritos y preparación, pone en primer plano una imagen casi mítica de cambio y renovación.

Por otro lado, el candidato Aristides Guerrero García, conocido en las redes como el “ministro chicharrón”, ha causado furor por su spot, que ha generado carcajadas en los internautas. En el video, Guerrero se presenta de una forma peculiar:

“Mire, profe, este Chicharrón se parece a usted”. Luego, con un tono muy confiado, afirma estar “más preparado que un chicharrón” para asumir el cargo, destacando su doctorado, sus dos maestrías y su especialización en derecho constitucional.

Ambos casos, aunque cómicos, generan una sensación de desconcierto en la ciudadanía. En lugar de observar una campaña seria, el proceso parece convertirse en una competencia de ocurrencias que diluyen la importancia del puesto al que aspiran estos candidatos.

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