¿Qué tanto se detiene usted a observar a profundidad todo lo que lo rodea? A ir más allá del ruido de la ciudad, del movimiento de la gente, de las noticias del día, del ritmo ajetreado y a veces rutinario de la vida. Me refiero a ese espacio más íntimo, profundo y misterioso que habita en usted mismo: su conciencia.
El 5 abril está dedicado al Día Internacional de la Conciencia, proclamado por las Naciones Unidas para recordarnos lo importante que es cultivar la paz interior, la reflexión y el entendimiento mutuo. Pero también, esta fecha también tiene un mensaje profundamente personal: es una llamada a reconectar con lo que realmente somos.
Vivir con conciencia no es simplemente estar despierto o saber qué día es hoy. Es estar presente en lo que hacemos, en lo que decimos, en cómo tratamos a los demás y en cómo nos tratamos a nosotros mismos. Es dejar de vivir en automático.
Porque ¿cuántas veces al día hacemos cosas sin pensar? ¿Cuántas veces respondemos por impulso, sin detenernos a considerar el impacto de nuestras palabras o acciones? La conciencia es esa brújula interna que todos tenemos.
Nos permite distinguir entre lo que edifica y lo que destruye. Es esa voz que, aunque a veces queramos ignorarla, siempre está ahí, invitándonos a ser mejores. Y no me refiero a ser perfectos, sino a ser más humanos, más compasivos y más poderosos también. Usted y yo estamos aquí, en este mundo, viviendo esta experiencia humana, por una razón de enorme significado.
Puede que la rutina lo absorba o que los problemas lo agobien, pero lo cierto es que esta vida, este cuerpo, esta oportunidad de sentir, amar, aprender y equivocarse… es un regalo extraordinario. Desde la perspectiva de la conciencia —esa que va más allá de todo lo que cambia—, hemos venido a este mundo a experimentar desde la materia: el dolor y el placer, el frío y el calor, el caos y la belleza.
A crecer, a comprender lo que significa ser un ser humano con todas sus subidas y bajadas. Y aquí viene algo hermoso: todo lo que se aprende en este camino, todo lo que comprende, todo lo que nos expande, es lo que nos podemos llevar. Más allá del nombre, del cuerpo o de la historia personal, está nuestra conciencia.
No es indispensable viajar a la India, ni hacer ayunos eternos, ni seguir alguna corriente en específico, porque la conciencia se cultiva sobre todo en lo cotidiano: al poner atención a todo cuanto hacemos, al detenerse un momento para respirar antes de reaccionar, al elegir actuar con honestidad cuando nadie lo ve, al mirar a otro ser humano sin juicio, y con respeto.
Este día internacional también nos recuerda que la paz empieza dentro de cada uno de nosotros, y se construye con actos pequeños, constantes y sinceros. Y gracias, de corazón, por estar aquí, viviendo, creciendo y compartiendo la luz su conciencia, porque sólo la conciencia nos salvará.